La amistad con Javier se forjó a raíz de un conflicto de intereses al que di puerta de la mejor manera posible, o de la única que supe, porque me encontré atrapado en un callejón sin salida del que no tenía ni idea de cómo escapar. Siempre me llevé bien con él, sin apenas tiranteces, siempre con solidaria corrección, y compartiendo la amistad de una persona muy especial a la que ambos, nunca lo escondimos, rendíamos pleitesía. No llegamos a competir por ella, entre otras cosas porque ella jamás lo habría consentido, pero en cierto modo sí que nos sentimos contendientes, sobretodo en una época en la que, recién acabado el instituto, temíamos perder el contacto entre nosotros…
La elección de Teresa cayó sobre mí como un jarro de agua fría, partiéndome en pedazos el corazón, y obligando a replantearme muchísimas cosas, entre ellas mi amistad con Javier, y la dolorosa certidumbre de que sería él y no yo, quien disfrutaría del amor de la mujer con la que había soñado durante casi diez años. Ya no era Teresa, ni era Javier, eran los dos, en un todo o nada que a punto estuvo de hacerme perder la cabeza.
El conflicto de intereses me hizo meditar hasta el agotamiento, sopesando las opciones que equilibraban la balanza, y al final no pude sino aceptar lo evidente, asumir que cualquier cosa era peor que estar sin ella, y que, me gustara o no, tendría que acostumbrarme a verla en brazos de otra persona… aunque esa persona fuese Javier…
De modo que lo hice por ella, y por mí, claro, pero sobretodo por ella. Primero en encuentros esporádicos que yo pretendía hacer pasar por casuales, y más tarde en algún que otro cumpleaños “inoportuno” al que no tenía más remedio que acudir. Recuerdo aquellos días especialmente, sobretodo por la actitud esquiva de ambos, por lo embarazoso que resultaba todo. Recuerdo a Teresa con aquella mueca casi permanente de sentida disculpa, y a Javier, algo más huidizo, evitando quedarse a solas conmigo… Todo demasiado caótico, he de reconocer.
Pero el tiempo lo cura todo, maldita mentira, ¿verdad? El tiempo no cura, ¡qué va! Porque una herida es una herida, que cicatriza pero no desaparece, seamos sinceros… Y si desaparece queda la cicatriz, y qué es la cicatriz, sino el recuerdo perpetuo de un sufrimiento pasado… Y el recuerdo, de esto estoy seguro, nunca llega a borrarse del todo…
Quién me iba a decir a mí, después de tantos años, ahora que Isabel y yo empezábamos a encontrarle sentido a la vida, que aquel recuerdo latente iba a crearnos de nuevo tantos problemas…
… a los cuatro.
xkrla
el otro dia vi a mi fantasma no sabia si saludarlo o seguir de largo,,,,siempre crei que cuando nos volvieramos a ver seria terrible con discusion y todo.....que me traria mal....,pero todo fue super normal trate de no ponerme nerviosa y todo salio bien,............el problema será cuando vea a mi amiga fantasma ................ahora tengo un poco de susto.......porque ella se cree muy correcta.